domingo, 27 de enero de 2008

EL DIA DE AÑO NUEVO



Estaba sumergido en la pantalla del ordenador perdía la noción del tiempo cada vez que sentaba, era un sábado más, recién levantado con un café al lado de la mesa, pasaban las horas, eran las cinco de la tarde el estomago pedía a gritos sonoros desde las tripas que le prestara atención, toda la mañana y parte de la tarde. Se fue para la cocina saco del congelador unas lentejas que tenía las puso en el maravilloso invento del microondas, mientras tomaba sorbos de la cerveza fresca, en su mente estaba recordando la conversación que tuvo la anoche anterior con una amiga, le preocupaba aquellas palabras, no se esperaba sus negativas, le hacían sentir mal, se veía mayor los cuarenta estaban rozando su piel. Su cara denotaba resaca de copas después de acompañar a esta a su casa, se perdió en la noche de la ciudad, dejándose llevar por el alcohol para llegar a casa de día bastante ebrio.

Mientras comía el móvil desde la otra parte de la casa no paraba de sonar, maldiciendo al aparatejo se levanto, de repente miro y vio que era una amiga, dudaba en cogerlo, no le apetecía hablar con ella, pensó en sus adentros, ¡ que pesada! Pero hablo, una conversación banal, sin sentido, quedaron en verse en la puerta del centro comercial, para ir a ver una película, dentro de un par de horas.

Cuando llego estaba allí su amiga acompañada de una compañera de trabajo, se quedo boquiabierto al ver aquella chica, muy guapa de cara, atractiva, se presentaron se fueron por las escaleras mecánicas hacia las salas de multicines que estaban en la tercera planta, en esos momentos iban llenas de gente con bolsas de las rebajas, otras en dirección a ver alguna película. Estuvieron dudando de cual entrar, al final se decidieron por la que más pronto iba empezar.
Se paso toda la película mirando de reojo aquella chica, que estaba sentada en las dos butacas mas para la derecha, en el centro de ambos su amiga, hasta que se centro en la película.

A la salida entraron a un restaurante a cenar, la conversación se entablo sobre la trama y sus protagonistas, cada vez que hablaba, su voz dulce penetraba en su cabeza y perdía la noción del tiempo, nunca había visto unos ojos verdes tan bonitos, como movía las manos al hablar, la forma elegante de coger el cigarrillo, y la sencillez que denotaba en sus palabras. No podía de dejar de mirarla, sus manos estaban torpes debido una timidez que le paralizaba el cuerpo, nunca había sentido esa sensación de aquella manera, siempre fue una persona abierta, jovial y picaron con las mujeres.

La noche se convirtió de ir de garito en garito tomando copas, intentaba estar encantador, pero aquella chica lo paralizaba involuntariamente, ella se comportaba normal, era abierta, su amiga a mitad de la noche empezó entablar conversación con otra gente, ellos no paraban de hablar, se miraban, se reían, se les notaba mucho a los dos que se encontraban muy a gusto el alcohol avanzaba por sus cuerpos y bailaban con una especie atracción mutua, la noche pasaba muy aprisa, no se acordaba del rechazo que la noche anterior de la chica la cual le gustaba, nunca había estado tan a gusto sus labios se rozaban, en sus bailes donde la seducción fluía por todos los lados, el miraba sus vaqueros cuando ella se giraba al son de la música, nunca había visto unos pantalones que parasen tan bien, su mente volaba, la cogía de la cintura se acercaba notaba sus pechos, con el movimiento de las caderas. La besaba se miraban, la volvía besar, la cogía por la cintura, le susurraba cosas al oido, palabras salidas desde su corazón.

Casi amaneciendo llegaron a su viejo pero coqueto apartamento, la ropa iba cayendo por el parquet en busca del dormitorio, cuando estaba ella desnuda, la miraba, nunca había visto semejante chica, era perfecta, sus 33 años eran de alabar, ni una chica de 25 podía tener aquella semejante fisonomía.
Palmo a palmo descubría sus cuerpos mientras el sol entraba por la ventana, pegados, los movimientos cada vez más bruscos, gemían de placer, hasta que sudorosos quedaron rendidos, con silencio se miraban, estaban abrazados, sus caras denotaban haber llegado al infinito, se quedaron durmiendo, cuando despertaron era entrada la tarde, volvieron entrelazarse, más tranquilamente sin dejar ninguna parte del cuerpo por acariciar, era perfecta, sus pechos ni grandes ni pequeños, sus piernas finas, besaba como ninguna mujer, de vez en cuando se apartaba su melena castaña para detrás, reían, los dos desnudos con movimientos rítmicos llegaron al placer con gemidos cada vez más fuerte, los últimos movimientos fueron violentos, ella gritaba, hasta que cayeron derrotados el encima de ella, besándose y con unas caras de sastifacción.

Él la llamaba al móvil, pero no lo cogía, le mandaba mensajes, pero no respondía, día tras día, la semana avanzaba, no sabía nada, desde la noche del domingo que salió de su apartamento, llamo a su amiga para preguntar por María, le comento estaba pasando una mala racha, entonces supo que aquel fin semana era una venganza hacía su novio, estaban pasando una crisis, cada vez más aguda, se quedo chafado, como si el mundo se parase allí mismo, no dejaba pensar, nunca había sentido esa atracción por una chica, su mente estaba a todas horas en la imagen de aquella mujer, su voz recorría los laberintos del cerebro, iba por la calle mirando hacía todo los lados para intentar verla, dudaba si ir esperarla en la salida del trabajo, llevaba tres noches sin conciliar el sueño, apenas tenía hambre Llamaba a su amiga Rosa preguntando por María, esta le aconsejo que no fuera a verla, esta muy mal, se sentía muy rara, nunca le había sido infiel a su pareja que llevaban cinco años, pero últimamente discutían mucho, estaba hecha un lío, se encontraba muy rara, después de este fin de semana.

Pasaban las semanas seguia sin poder olvidar, estaba en un estado de dejadez, le costaba afeitarse, un hombre muy pendiente de su imagen, ahora pasaba de todo, salia a la calle con la primera camisa que pillaba y pantalón. La gente cercana se empezó a preocupar, un hombre muy simpático, atento, siempre vestía a la última, sus armarios estaban repletos de ropa, era un soltero muy diferente, siempre mantuvo relaciones, pero le daba miedo el compromiso a vivir con una pareja, la cobardía le amedrentaba, él por fin, aquel fin de semana supo que aquella mujer le había penetrado el corazón y daría su vida por ella, quería vivir con ella, lo explicaba a sus amigos, y no lo entendían, él siempre decía que nunca viviría con una mujer, que su libertad valía mucho y ahora pensaba lo otro, en fin de semana todo sus sistemas cambiaban.
Sólo hacía que insistir a Rosa para decirle a María que quería hablar, pero todos eran excusas, un día él las aborda a salida del trabajo, fueron tomar un café, pero el ambiente era tenso, Rosa pronto se fue alegando que tenia cosas que hacer.
María estaba pasando por una crisis, le pidió por favor que la dejara tranquila, que había roto con su novio, pero necesitaba tener las ideas claras, y todo era muy confuso, su novio a todas horas la llamaba por teléfono, estaba hecha un lío. Le dejo entender que aquel fin de semana fue algo que paso, un par de polvos, pero nada más, pero por favor que la dejase en paz, necesitaba desconectar de todo el mundo.

Pasaban los meses, y seguía sin poder olvidar aquella cara tan dulce, nunca sufrió tanto en el amor, para él siempre fue un juego, ahora estaba en la otra parte, la de sufridor, perdedor, estaba dolido, pero el tiempo no lo borraba, cada vez el dolor era más agudo, soñaba muchas noches paseando por la playa cogidos de la mano, con el agua bañando sus pies, el sonido de estos al caminar, chocando con la muerte de las olas, sus cuerpos bronceados, de pronto se despertaba, allí estaba en la cama pasando calor del verano, cada vez más angustioso. Miraba el techo blanco veía sus pechos dorados saliendo por la escalerilla de la piscina de su apartamento, con el pelo para detrás, y al salir todas las miradas tenían un destino, mientras cogía su pelo y se lo escurría y él le daba la toalla, pero todo eran alucinaciones que su mente le llevaba a estados paranormales, se levantaba de la cama se lavaba la cara para entender la realidad.

La navidad esta por llegar, su mente parecía empezar a soportar aquella tortura durante muchos meses, tenia ganas de terminar este año, para comenzar intentando llevar aquel estado que poco a poco estaba volviendo a ser aquel hombre jovial, simpático.
La noche estaba repleta de alegría, el año nuevo era recién estrenado, bebían todos en aquella discoteca, bailaban, brindaban, las corbatas ya habían desaparecidos, las camisas con algún botón desabrochada y por fuera del pantalón, de repente una mano toco su hombro, se giro, se quedo paralizado, sin palabras, el vestido rojo ceñido marcaba aquel cuerpo, su cara maquillada con los labios pintados y muy marcados, la media borrachera que llevaba su cuerpo, se le paso en décimas de segundo, le dio dos besos felicitándole el año nuevo, él seguía inmóvil, la timidez se apodero como la primera vez que la vio, estaba sudando, ella le hizo una seña de ir a la barra, la siguió, ella lo cogió de la mano, seguía sin poder articular palabra, entonces con la copa, se apartaron a un lugar más tranquilo de aquella sala fiestas y hablaron al principio de banalidades, pero repasaron sus vidas, más bien ella, estaba muy sincera.

Al amanecer salieron cogidos de la cintura, ella iba descalza llevaba los zapatos de tacones en la mano, él le puso su chaqueta por encima de ella, el fresco hacia mella en su cuerpo, con los brazos erizados.
Se sentaron en un banco y comiendo unos churros con chocolate que compraron en un chiringuito que estaba repleto de gente, destrozada de la noche, intentando aliviar sus cuerpos de la batalla del baile y alcohol,

Era año nuevo, era vida nueva, desde el primer día que lo vio, supo que era su hombre, paso meses de angustia y soledad de incomprensión de todos, pero por fin estaba con la persona que un día de finales del mes de enero le presento su compañera, desde mismos instantes su amor se encendió, pero el peaje que pago fue muy duro, estaba derrotada de tanta lucha, hoy por fin estaban juntos.

Aquella mañana llegaron al apartamento de él, sus vidas se impregnaron de amor, esperanza, a llegar al portal cogió sus zapatos y los tiro por la ventana, de alegría que tenia, de alli no se iba mover, repitió como aquella mañana de domingo que estaba a punto de cumplir el año, pero fue mucho más intenso, tenían que recuperar la perdida de tiempo, los dos padecieron, sufrieron, sus vidas eran parásitos andantes, y desde hoy no los iba separar nadie.

Eran el centro de la tierra.

miércoles, 23 de enero de 2008

CUMPLEAÑOS.


Era un día de finales de enero, primera hora de la tarde, el dársena del puerto recibía a unas cuantas embarcaciones de ensueño, hacia calor en esta ciudad costera, a pesar de ser invierno, los alrededores estaban repletos de gente de avanzada edad que paseaba muchos con gorra y bastón, otros apoyándose de su pareja, y algún deportista corriendo entre zigzag esquivándolos.

Sentada en la terraza de la cafetería del puerto, moviendo la cucharilla lentamente a la taza de café con leche, mirando a lo lejos la línea divisoria donde se pierde el azul del mar, se encendió un cigarrillo en la primera bocanada de humo se perdió, vestida con camisa blanca, falda negra por encima de las rodillas, con medias negras las piernas cruzadas entre sí, zapatos negros de tacón alto, hoy el día de su cumpleaños, esta triste, melancólica, 50 años, con su pelo caoba, recién salida de la peluquería, mientras le tintaban el pelo se miraba al espejo, su frente cada día las arrugas eran mas patentes las cremas las disimulaban, pero sentada alli en aquel sillón, las comisuras de los labios cada vez eran más marcadas, quizás la cara, pensaba, su cuerpo se mantenía bien para los años, las caderas se empezaban a rebelarse, miraba a las mujeres alrededor, ella se encontraba muy bien, solo el rostro, siempre fue una mujer deseada por los hombres.

Nunca supo de verdad si la amaban o solo le deseaban, si era un objeto, o de verdad sentían amor, siempre tuvo sus dudas, la adoraban, pero a la vez era odiada por quien no la poseía, la envidia de las mujeres le hizo mucho daño, y aquellos hombres que no la conquistaron la trataban de facilona.

Se estaba engañando no quería a su pareja, vivía por comodidad, mientras otras trabajaban, ella era una reina, unos años atrás creía que era feliz, pero hoy se estaba sincerando, muchos años de mentira, de falsedad, engañándose, perdidos siendo una señora, pero de que, se repetía, tenia todos los caprichos, si, pero no-tenia amor, quizás, no estaba enamorada. En el fondo era una derrotada. Cumplir años de muerte, porque no sentía nada, solo el humo que le llegaba a los pulmones entre las caladas del cigarrillo rubio.

Se levanto se fue por el paseo del puerto caminando lentamente con gafas de sol cubriendo los ojos, las lagrimas afloraban en ellos, con la cabeza agachada, sin destino fijo, solo la calmaba el tabaco, el olor a suciedad del puerto la volvió en si, avanzo rápidamente, se estaba despidiendo de su pareja, de su amante, la doble vida la había desgastado mucho, se sentía perdedora, las contradicciones le habían consumido, no saber que olor corporal elegir, el amante joven o su pareja de mayor edad, se sentía sucia, al pasar por la parada de Taxis, se sentó en uno, pidió que la llevara al aeropuerto. Atrás se quedaba la ciudad la circunvalación estaba repleta de coches que se dirigían en la misma dirección, el conductor un hombre acostumbrado aquel devenir ni se inmutaba de los sonidos de cláxones, de vez en cuando se notaba observada por el espejo, mientras disimulaba mirando por la ventanilla el paisaje de cemento por todas partes.
Miraba los paneles, de las salidas, dudaba cual coger, de repente apaga el móvil, se acerco al mostrador de la compañía de vuelos regulares, y concertó dos billetes uno para Madrid, le indico a ser posible el que este a punto de salir. Mientras un grupo de gente dormitaba en los bancos a la espera de sus partidas, era un espacio donde se movía mucha gente pero nadie se conocía, muchos mundos unos con prisa otros con maletas llenas de ilusión por empezar un viaje, algunos eran parejas de jóvenes en los cuales en sus rostros se divisaba la felicidad futura de una nueva vida, irían a cualquier país exótico, a tomar el sol bajo cualquier cocotero, playas de arena fina, aguas transparentes y cálidas.

En el avión mientras la azafata daba las indicaciones pertinentes se queda dormida apoyada contra la ventanilla que daba al ala, una vocecita por los altavoces la desperto, confundida unos segundos de donde estaba, se miro el cinturón lo tenía abrochado de cuando despegaron. Volvió a revisar si tenia el móvil apagado, lo metió en el bolso, miro dentro alli había tabaco, tarjetas de crédito, dinero, y un pinta labios. Cuando bajo del avión se dispuso sentada en un banco a teclear un mensaje de despedida, pero de repente sonó el móvil, lo miro unos instantes, lo apago. Esta huyendo, no era cobardía, era una decisión que no-tenia que explicar a nadie, era su vida.

Al poco tiempo de estar en la terminal de Madrid, embarco en salidas internacionales, se disponía a coger el vuelo a Buenos Aires, regresaba para no volver nunca, se volvía como vino, sin nada, ni equipaje, cuando aun era una adolescente, vino en busca de un futuro, no lo encontró, pero tuvo todo a su alcance, fingió mucho, conoció los mejores hoteles, restaurantes y compro en las mejores tiendas de ropa de alta costura.
Hoy se retiraba para descansar en su tierra, nacía otra vez, quizás encontraría el amor de verdad, pero le daba igual, iba volver vivir en paz consigo mismo, tenia fuerzas para trabajar, aborrecía los regalos, que al principio le fascinaban, compro una revista del corazón y la hojeo, acabo en una papelera, le daba asco ver a esas chicas viviendo sin hacer nada, ella fue una, su vida pasada se fue con la revista, su sitio era en aquella papelera cutre de plástico. Sueños falsos envueltos en papeles de celofán, vidas de sonrisas falsas, noches de alcohol, cocaína, musica perdida entre sus oídos, siendo deseada, amada, o quizás el capricho de algunos hombres que la exhibían como un cazador cuando enseña la pieza.

Cuando subía por la escalerilla del avión miraba el cielo, era de noche se despidió de las estrellas, iba en busca de otras, la reina estaba de luto en esta tierra, iba nacer en su bendita patria donde vio la luz por primera vez, que tanto odio de niña por culpa de la miseria, y de los gobernantes corruptos, donde todo eran promesas, que nunca se cumplían, pero aprendió que ni alli, ni aquí.

Su tierra, su gente, su acento, iba a reconciliarse con ellos, los necesitaba, era joven para emprender una nueva vida de la que no esperaba promesas, solo estar preparada para recibir la carga que le diera.

Ayer fue su cumpleaños, murió en España, en aquella ciudad donde los turistas se creen que han descubierto el mundo, donde los ancianos llegan para descansar sus huesos dolorosos, fatigados de toda la vida trabajando para los bancos, por tener bienes, donde lo que reciben es artrosis, se despiden de la vida paseando al sol, día tras día, esperando que les llegue el final, del cual tienen miedo espantoso.

No le da miedo la muerte, no quiere descansar, quiere vivir lo que años tras no quiso, por ser una dama falsa, su vida empieza desde hoy mismo.

Era la dama de la vida, era en el fondo una mujer vulgar, la derrota se termino, ahora iba por la victoria.

sábado, 19 de enero de 2008

EL CORAZON


Estaba sentado en los sillones enfrente del ventanal, donde la luz penetraba ese día de invierno, vestido con camisa de cuadros azul, pantalón de pana beige, con poco pelo blanco dando claridad a su cabeza, cara arrugada, quemada debido a los avatares de la vida, las manos temblorosas y saliendo de su boca una leve baba de saliva intentando escapar de sus adentros buscando la claridad, por fin la lluvia se había tomado un descanso, el sol era agradecido por aquella gente que pasaban los días en aquella residencia de la tercera edad. Miradas ausentes, perdidas, sonrisas sin sentidos que de repente se convertía en lagrimas, gritos desoladores, todos sentados unos a lado de otros, pero con mucha soledad en sus hombros.

Los árboles estaban desnudos, sus ramas débiles se agitaban bailando al sonido del viento, eran parte de sus vidas en aquel patio donde en verano les acogía bajo de sus hojas, eran parte de aquellos hombres y mujeres que descansaban en las sombras y que les hablaban esperando la contestación de sus preguntas.

Su mirada perdida como muchas mañanas, la lucidez lo visito, el exilio o la hemorragia de los perdedores en busca de paz, donde solo buscaban un trozo de pan donde tambien se lo denegaban, en su patria eran malditos. Años de chinches, huyendo por media Europa, se encontraba muy cansado de tanto huir, creía haber encontrado el descanso en su querida tierra, sus sentimientos se desnudaban, la mujer que siempre quiso nunca llega amarla, la guerra lo tiro todo por la borda, promesas, amor, siempre la amo desde su interior, nunca más supo de ella, pero la que fue madre de sus hijos sentía cariño, pero nunca el amor de su primera novia, donde las promesas se quedaron en el aire, soñó que el viento se las trajera, nunca llegaron.
Sus preguntas eran constantes, se habría casado, viviría, se acordaría de él, como vivió su huida, tuvo el mismo dolor que tuvo. Sus recuerdos le llevaban aquellos días felices de pascua cuando iban al campo pasar el día siempre vigilados a lo lejos de la madre, intentaban perderse unos momentos para poder cogerse de la mano, o un simple beso, la musica de la gramola que oían siempre que llegaban las fiestas del pueblo, eran de las pocas veces que podían bailar pero siempre con el consentimiento y sin acercarse, o presenciar aquellas obras teatrales que era el acontecimiento mayor, cuando venía la compañía de teatro de la ciudad, donde reían con aquellos sainetes. La sucia guerra lo volvía en sí, quien le manda un día decir públicamente que era anarquista, o hacer huelga siendo un jovenzuelo en la fabrica tejido, enarbolando aquella bandera.

Hoy se sentía derrotado, cuando llego creyó vencedor, por fin pisaba su tierra, sus últimos años los iba pasar donde nació. Pero todo había cambiado nada era igual, era un extranjero, estaba cansado de ser, alli, aquí, al final era extraño en todos los sitios, después 60 años aun estaba pagando el precio de la huida, de la derrota.

Se quedo durmiendo debido al cansancio, dormía como muchos de aquellas personas, mientras las enfermeras les tapaban las piernas con unas mantitas, otros se quejaban de dolor, y los despiertos hablaban solos. Cuanta ausencia, tristeza, en tanto pocos metros, la palabra más común de todos, era la llamada a sus mamas, menos él, llamaba a ella.

Una auxiliar lo desperto, no sabia que pasaba, lo levanta del brazo cogido de ella con paso tembloroso camino hasta una sala de estar grande donde estaba la visita, una mujer vestida negro que al andar se apoyaba con un bastón, con pelo blanco, con gafas mirada sonriente y permanente de peluquería, el estado de lucidez se había apago el alzehimer se había apoderado, no la conoció, el hombre fuerte rubio de mediana estatura siempre con la sonrisa en su boca sin darle demasiada importancia a la vida, donde se prometieron para toda la vida, hoy era un cadáver viviente tembloroso con la mirada ausente.

Al día siguiente recibió un regalo, al abrir encontró un pequeño corazón de piedra, su sonrisa se ilumino, nadie sabe si reconoció aquello, pero la luz de la cara, los ojos muy abiertos y el temblor de las manos se le acelero cuando lo miraba levantando en busca de aquella persona. Fue su regalo el día de su cumpleaños, un día que el sol brillaba más que los otros días, pero hacía años que estaba apagado.

martes, 1 de enero de 2008

EL TRAYECTO



Es una mañana de invierno, las nubes se han apoderado del cielo, como todos los días esperaba el autobús de línea que le transportara a su trabajo. Muy abrigado con cazadora de piel, guantes, bufanda negra, pantalones de pana marron claro y zapatos negros, el frio se apoderaba de su alopecia, se maldice por no haber cogido la gorra escocesa que le regalo su hermana el día de navidad. Son siempre la misma gente en la marquesina, nadie se conoce, pero como el tiempo algunas mañanas hablaban de cosas intrascendentes sobre el tiempo o la tardanza del coche de línea..

Sube y aposenta en el mismo sitio de todos los días, es como si cada cual tuviese la misma butaca, va mirando por la ventana con el pensamiento perdido, mientras las imágenes empiezan a pasar por su mente ausente al paisaje urbano, sonido de claxon.

Siempre quiso ser actor, recordaba cada vez que se presentaba voluntario a las obras teatrales de fin de curso, como era siempre rechazado, hasta algún desdichado profesor entre sonrisa en sus labios, le animaba que les ayudara en el decorado, aquello también era participar. Sé sentía mal, llegaba a su casa se encerraba en su cuarto, pasaba horas y horas llorando hasta vaciar las lagrimas, no quería comer, solo estar en su mundo mágico, donde no fuera humillado por nadie, estaba harto de ser ridiculizado, cuando paso al instituto fue un calvario, era objeto de burlas constantes por sus compañeros de clase, entro en una profunda desolación que le llevo a un estado de pánico y depresión.
Empezó a buscar libros relacionados con este arte, aquellos momentos de dejadez le abrieron un día los ojos y se planto ante la depresión que tenia, aprendió a luchar por sobrevivir, sigue en su mundo de aprendizaje.

Hoy todos van con cara de amargados a su trabajo, pero él va radiante, feliz, esta en su mundo, es un actor, esta intentando hacerse un hueco en su mundo, cada día avanza más, ayer el director le corrigió un par de veces la posición del cuerpo, se sintió molesto, cuando llego a casa reflexiono encontró la razón, tenían que mejorar algunas expresiones corporales.

Mañana es el gran día, debuta en la nueva obra, puede ser el gran reconocimiento, que se merecen, no él, sino todos las personas que sufren su dificultad en el habla, que tantos les humillan en chistes de tartamudos, que todos ríen, mientras ellos lo padecen el más autentico silencio, el humorista se lleva los aplausos.

Cuando se levante el telón, y salga a escena, recorrerá con sus movimientos llamativos el escenario dando imagen a un mimo, que la encarna con gran maestría, mientras todos se le burlaban aprendió en su alcoba el arte de la palabra en el cuerpo, gestos, manos, hoy es un experto, sigue siendo muy critico consigo mismo, en su mente esta aprender.

Pero su pasión es otra, ayudar a gente como él, y por eso el teatro es la gran escuela, cada tarde después del ensayo, acude a un colegio, donde enseña la interpretación de la coordinación del cuerpo, muchas veces la gente que tiene el don de la palabra olvida la escenificación.

El final de trayecto le vuelve en si, pero sabe que él es feliz, porque creyó en si mismo, baja sonriente del autobús dándole un guiño a la vida.

Es un mimo.