viernes, 30 de noviembre de 2007

QUERIA SER EL.



Vagueaba por las calles, las manos en los bolsillos, mirada ausente, se sentaba siempre en el mismo banco del parque, observaba aquellas madres despreocupadas de sus hijos. . Sus cotilleos, sus dietas, y alguna ponía a parir a su esposo, lo miraban incrédulo, siempre en la soledad, mientras fumaba un cigarrillo negro, con cada bocanada, con la mirada perdida al cielo..

En aquel pueblo de la montaña lo consideraban loco, diferente, aquel chico de veinte años, que no frecuentaba discotecas, ni Púb. , Solo paseaba, observaba, y trabaja entre semana de peón en la construcción, no hablaba con nadie, nunca respondía a su jefe, Era noble, pero a la vez desconfiado, leía los pensamientos de los demás con la mirada, sus gestos.

Vivía solo, era hijo único, sus padres lo dejaron con su abuela, lo abandonaron recién nacido, su infancia fue en soledad, de muy joven supo lo que era cuidar a una persona mayor, que lo había querido en este mundo, era muy sensible, nunca tuvo un mal gesto, pero le pedía explicaciones, porque lo abandonaron, le contestaba, ya se lo contaría cuando fuese más mayor, pero murió de repente.

La duda, la incertidumbre, de no saber exactamente la verdad lo marco, la maldad de la gente, de los niños, cuando iba al colegio, lo insultaba, lo humillaban haciendo referencia a esto, él se preguntaba si era verdad, lo que decían por aquel pueblo, lleno de alacranes, víboras, sentía mucho dolor en su pecho, angustia, desolación.

No le quedaba nada en aquel lugar, una ni una simple casa, vivía de alquiler, porque permanecía alli, quizás el miedo, se preguntaba, miedo a que, al cambio, nunca había salido del pueblo, de vez en cuando a la ciudad, pero de paso, visitas de medico para acompañar a su abuela, algún papel en el juzgado, pero nada más.

Aquella emoción lo paralizaba, se había habituado aquella vida, no, se decía, era lo único que conocía si, pero pensaba que era joven, ahora o nunca, pero donde ir, donde vivir, donde comer, todo eran preguntas en aquel banco de madera con corazones dibujados en bolígrafo, con te quiero y algunas pintadas con spray.

No conocía el amor, ni un beso, la ternura, era huérfano de las emociones del corazón, esto era más difícil en aquel lugar, a quien explicarlo, con quien comentarlo. Se levanto y caminando con las manos en los bolsillos sin dirección alguna por las calles. El sol se empezaba a despedir, un día más sin contestación, alli se quedaban aquellas mujeres hablando de sus dietas, pero en el fondo eran una pobre gente, sin principios. Y los suyos donde estaban, se preguntaba, no encontraba contestación.

Andando llego al campo santo, se acerco la tumba de su abuela, miraba aquella foto, donde los ojos, de aquella mujer, le hablaban, no te quedes, vete, busca la respuesta, sé tu mismo, no seas cobarde, era una conversación entre dos almas, en busca de compresión, amor, paz, libertad. Unas lagrimas recorrieron sus mejillas, la luz se nublaba, de pie recto mirando aquella lapida, se acerco le dio un beso, salió cabizbajo, pero una voz en su interior, le decía no llores, si té quedas llorara ella, hazme caso, no llores, las lagrimas derramadas no sirven de nada, vete a buscarte, te puedes encontrar, la gente solo habla, habla pero son cobardes, no lo seas, Se valiente, vete a encontrar lo que te pide tu corazón.

A la mañana siguiente sonó el viejo despertador de campana, se levanto, medio durmiendo, la noche había sido larga, muchas preguntas en la oscuridad de aquella alcoba, se miro al espejo del lavabo, se mojo la cara con agua fría y jabón, se volvió a mirar otra vez, humedeció su larga melena ondulada, y la peino, cogió una goma se hizo una cola, con las tijeras se retoco un poco aquel bigote fino y su perilla. En la habitación abrió el armario, en el espejo interior se miro, veinte años, un cuerpo joven y fuerte, se rió de verse haciendo monadas ante el espejo con slip, se puso sus vaqueros, su jersey de lana verde, sus deportivas blancas, metió dentro de una bolsa de deporte toda su ropa que estaba decente, que no era mucha y cerro la bolsa, cogió su cazadora gris, abrió el cajón de la cómoda de nogal viejo y destartalada, metió todos sus ahorros en la cartera, una foto de su abuela, el reloj que dejo su padre al marchar que era su única herencia se lo coloco en la muñeca izquierda, con mucho cuidado y mimo, se puso la cadenita que era de su madre, donde estaba la cara de La virgen, y por detrás su fecha de nacimiento. Antes de marchar dejo un dinero encima de la mesa del comedor y unas llaves, dio una pequeña vuelta por la casa, al pasar por un espejo viejo y rajado que estaba en la habitación donde durmió su abuela, se volvió a mirar, le entro la risa, pensaba para sus adentros, que pinta de bohemio.
Cerro la puerta, camino por la calle estaba amaneciendo las luces de las farolas estaban encendidas, hacia muchísimo frio aquellas horas, caminaba en busca de la parada de autobuses, su corazón palpitaba muy deprisa, se iba, no sabía dónde, quería encontrarse a sí mismo, no quería más mascaras, no era diferente, era normal, pero no lo comprendían, si era como su padre, pensaba, pero que coño pasa, gritaba, en las afueras del pueblo esperando el autobús de línea, ¡si soy como mi padre, que pasa!!. ! Iros a la mierda ¡ maldito pueblo, alguna gente lo miraba con miedo, pensaban esta loco, como una puta cabra. Él los miraba, les decía, ¡ gentuza, asquerosos, si me voy!.

Subió al destartalado autobús, cerro los ojos, no quería ver mas aquel lugar, sentía odio, rabia, ira, maldito pueblo. El vaivén de la carretera mal asfaltadas y las curvas, lo distrajeron, soy como mi padre, homosexual, me gustan los hombres, pero no voy hacer como él, que dejo preñada a mi madre, sin quererla, sólo por demostrar a esta maldita sociedad que era normal, que no era homosexual, pero lo único que hizo fue engañar a dos personas, a ella y él mismo. El no iba engañar a nadie, bastante tiempo reprimiendo las emociones y sentimientos, quería ser feliz, encontrar el amor en un hombre, sobre todo no engañarse a sí mismo.

Quería ser él.

jueves, 29 de noviembre de 2007

LA LUZ



Estaba sentada delante del ordenador con las gafas mirando la pantalla, los dedos fluyendo desde su interior, revisaba, cada párrafo, analizaba cada frase, era momentos de silencio, eran tardes iluminadas por la luz de aquel viejo flexo, el resplandor al fondo de la lumbre del salón, con las plantas daban un toque de paz, era sus momentos mágicos, que le aportaban una tranquilidad.

Después de tantos años dedicada a la familia, trabajo, hogar, aquella prejubilación, que al principio la martirizo, le condujo por un pasadizo oscuro, donde la amargura y la tristeza caminaban todos los días cogidas de la mano, notaba todo su cuerpo sumergido en una losa muy pesada que no la dejaba caminar, hasta que una mañana, dijo basta, mando hacer puñetas a las emociones negativas que fluían en su cabeza.

Aun era joven, para aprender, tenia muchas ganas, siempre fue amante del cine, era su único pasatiempo, ir de vez en cuando a las salas y desconectarse de todos los problemas, su mente estaba fresca, necesitaba dar riendas a sus sentimientos, pasiones, Vivencias a lo largo de su vida, donde fue superando situaciones difíciles, esposa, amante de su pareja, madre, sirvienta de sus hijos y sobre todo consejera, era la que aportaba la paz, la serenidad en aquella casa.

Una tarde se apodero del pequeño aparato, era el ordenador, donde su marido pasaba tardes de domingo preparando informes de trabajo, poco a poco fue conociendo aquel pequeño, pero gran mundo. Iba repasando su vida, anotando ideas, y sobre todo escribiendo, anécdotas, poesías que le venían a la memoria que recitaba en el colegio, se encantaba a gusto, había descubierto la literatura.

Cada tarde se sumergía en un mundo nuevo de pensamientos plasmados por aquellos dedos, era el momento deseado del día, luz, pasión, entrega, en aquellos momentos se evadía del mundo, sólo existía ella, su relato. Toda la mañana haciendo trabajo domésticos, pero imaginación le llevaba a otros lugares, anotaba en una hoja de papel todo aquello, cuando salía a la calle, se había vuelto muy observadora, el caminar de la gente, sus caras, sus rasgos, sus vestidos, su forma de coger un taza de café, hasta de sus tics, le encantaba sentarse en una cafetería , tras el cristal, saborear el aroma un delicioso café y observar aquella gente anónima que llenaba las calles de colorido, se reía para sus adentros muchos tenían cara de peleados con la vida, otros corrían como si el mundo se terminase, y algunos tenían formas de despistados, de vez en cuando abría su bolso sacaba su pequeña libreta roja y anotaba curiosidades que identificaba.

Un día decidió escribir una modesta narración, que poco a poco se fue convirtiendo en una novela de ficción y realidad, sus notas, sus ideas, sus formas de pensar se iban plasmando, se encontraba cada vez más a gusto, bendita la hora que me despidieron, pensaba y se reía, y que suerte de mandar al garete a la depresión, cuando se miraba al espejo se veía más joven, para imaginación la mía, pensaba, que soy guapa lo se, se lo decía al espejo.

Aquellos escritos iban cogiendo forma, revisaba, corregía, cambia frases, volvía empezar, ahora ya no eran las tardes, era parte de la noche, estaba durmiendo de repente le venía una idea, se levantaba, la plasmaba, su marido esta empezando a enfadarse, lo tomo con alegría al principio, como un bálsamo para su tristeza, la veía contenta, pero ahora la veía obsesionada, trataba de explicárselo, pero él no acaba de entenderlo.

Un domingo, como todos, sus hijos con sus respectivas parejas iban a casa a comer, en el café, les contó que había terminado el libro, que quería publicarlo, pero no era cosa fácil, más bien era imposible, pero tenia una idea, y decidida, se la comento, sus caras pasaron a ser de extrañeza, desaprobándolo, miradas cruzadas con su padre, con cara sorpresa, el silencio inundo el salón, los reproches se empezaron a cruzarse, entre sus dos hijos, ella, y su marido, sus nueras miraban con cara de incredulidad, calladas.
Frases como “ mama estas loca, toda la vida luchando” “ ahora que tienes un dinero de la prejubilación lo vas quemar”.

A pesar de la contrariedad, la oposición, lo tenia decidido iba a publicar su libro de su dinero, era como un hijo, era un parto e iba a dar a luz, nueve meses metida en aquella maravillosa, fascinante historia, se había entregado en cuerpo y alma, como se entrego años atrás a sus hijos.

El día que fue a recogerlo a la imprenta, el nerviosismo se apodero de su ser, sudor, frio, sensaciones de euforia y la vez de extrañeza .Cargo sus cajas llenas de libros en el maletero y en asientos traseros, tenia por fin a su hijo, olía a papel, a tinta, a cola, miraba, la tapa, la volvía a mirar, como una madre que mira a su hijo en el canasto recién nacido, que aun no se cree que es madre, si aquello salió de ella, lo mima, lo cuida, se pasa horas y horas mirándolo, era la misma sensación que hacía 25 años, pero ahora era otra, era el sueño, de aquella niña de coletas, inquieta, que de pequeña se encerraba en su cuarto y escribía cuentos de hadas, donde ella era una princesa y dejaba volar entre nubes divisando el horizonte, haciendo desaparecer todos los malos del planeta, para convertirlos en buenos, cosa que nunca pasaba, porque en mitad de la escritura y altos vuelos la llamaba su madre para que les diera la merienda a sus hermanos más pequeños.

Aquella tarde llego a casa abrió las cajas, en la primera hoja escribió con pluma, de tinta, que heredo de su abuelo, el nombre a quien le regala el libro, la mano le temblaba mientras escribía el nombre de aquellos bichos que fueron y ahora eran adultos, que no aprobaban su decisión, después su marido y así la de todas sus amigos, familia y conocidos que les tenia estima.

Tenía miedo a la comida del domingo, el ambiente fue tenso durante unos meses, que caras harían cuando les diera el libro, lo tirarían al suelo, no lo mirarían, se lo negarían, su cabeza iba a mil, todo era dudas, incertidumbre, en momentos se sentía muy a gusto con la decisión, pero en otros se encontraba rara en su ser, se apoderaba la tristeza, era una conjunción de sentimientos que se cruzaban.

Al día siguiente de la comida, nada más amanecer, apareció uno de sus hijos, cuando lo vio entrar, con el libro en la mano, pensó lo peor, lo tira al fuego, pero como instinto de madre, noto en su cara algo alegre, se acerco le dio dos besos, fue a que le hiciera una dedicatoria del libro, estaba encantado de la narración, era el hombre más feliz de la tierra y su vez avergonzado por el comportamiento, pero al poco tiempo llego el otro hijo, quería darle un abrazo a su madre.

Aquel día nació una escritora, una soñadora, la niña de las coletas e inquieta, volaba lo más alto entre magos del arte literario, era el comienzo, era una nueva vida, no eran sueños, era una paz interior la instalaba en su ser, lo que comenzó con cuentos de princesa, se había convertido en una pensadora, que plasmaba su imaginación, para que otros le den luz y color, forma y sentido.

Pero tanto el escritor, como el lector formen parte del maravilloso mundo del libro, donde es una pequeña parte de cada corazón que se sumerge en maravilloso mundo literario del escritor, donde ambos a mucha distancia entre sí, se encuentren y cada cual sea el protagonista.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

EL TREN



Era mañana fría de diciembre en el colegio publico de un barrio de las periferias de la ciudad, los niños divisaban atónitos las primeras nieves, ese día estaban muy excitados para trabajar con las matemáticas, todos miraban hacía las ventanas, que a la pizarra, donde la joven profesora con ganas de comerse el mundo en la docencia, intentaba que le prestaran atención, entonces viendo la nieve, el frio y que estaba cerca la navidad, pensó en los juguetes, que mejor cosa que escriban la carta de los Reyes Magos.

De pronto olvidaron de los copos, se pusieron en la tarea, les pidió silencio, pues por la ventana los vigilaban los pajes, todos la encabezaron la típica frase Queridos Reyes Magos de Oriente, seguidas de toda una exposición de juguetes y anuncios televisivos para explicar como era lo que querían. Una velocidad increíble escribiendo, todos muy atareados, pero un niño termino pronto, su mirada reflejaba tristeza, su visión era hacía los cristales, lo cual llama su poderosa atención.

La profesora vio su carta estaba en blanco, él le contesta, yo sé quien son los Reyes, son los padres, bueno son Melchor, Gaspar, y Baltasar, pero los que compran los juguetes son ellos.

Los otros niños al oír aquello levantaron su cabeza mirándolo atónito, se preguntaban a ellos mismos será verdad, algunos ahora si que deducían algunos movimientos raros de sus padres ese día.

Él desanimo se apodero de la clase, era la verdad, las cartas se quedaron a medias, aquel pobre chaval era de un barrio de chabolas donde muchos días comía bocadillos, su padre era un chatarrero, y sabía que era la miseria.

Cuantas cartas perdidas a los Reyes Magos, cuantas noches de magia, se convertían en desilusión, que pronto supo la verdad, que aquello todo era mentira, noches del 5 enero en la espera que nunca llegaba, De niño ya conocía la farsa que se movía el mundo, donde los humildes bastante tenían si podían comer todos los días, siempre de prestado, no sabía lo que era estrenar unos pantalones, ni desenvolver un regalo de cumpleaños, tan niño y tan hombre a la vez, estaba aprendiendo muy deprisa, dolor de sus padres, que le encogía el corazón las noches de frio, cuando su madre los mandaba a la cama a dormir pronto porque no tenían con que calentarse, así entre las mantas de la cama y el cuerpos de sus hermanos no pasaban frio. Su padre era hombre honrado, pero era hijo de Gitanos, no sabía ni escribir, ni leer, solo sabía coger chatarra y de vez en cuando le daban trabajo como cargador en algún muelle de frutas, él era hijo de un extoxicomano

El mundo de la felicidad estaba a un par de kilómetros, no muy lejos, luces, adornos, musica de villancicos, el otro estaba muy lejos de la verdad, hasta donde los ratones eran pobres, por estar allí, donde la abundancia no existía.

Él tenia una cosa a favor que los otros niños carecían, tenia imaginación, de una simple astilla se figuraba que era un gran tren, había tardes que se alejaba 500 metros del poblado, se sentaba, pasaba las horas viendo pasar los trenes, conocía todos ellos, y donde iban, Talgo, Ave, Altaría, sus sonidos que emitían al pasar por las vías, soñaba con ser el maquinista, soñaba en el fondo con la libertad, con salir huyendo de aquella vida que le esperaba, tan niño, ya conocía su futuro, pocos salían de aquella vida y algunos regresaban peor.

Ante aquella reacción de la maestra, comenzó a explicar el tema de los Reyes, un tema tan fácil, pero tan difícil a la vez, de la ilusión pasaban a la incredulidad, sus caras denotaban miradas de extrañeza, de sorpresa a la vez, gestos, muecas de sus padres, que ahora si tenían respuesta, algunos no querían creer, fingían, pero era imposible, era verdad,

La explicación del niño fue muy exacta pensaba la profesora mientras se dirigía a su casa, los Reyes son Melchor, Gaspar y Baltasar, pero los juguetes los compran los padres. Que verdad, un niño sensible nunca miente, sus imágenes pensando en las noches desamparo de aquel alumno, le encogía el corazón, su memoria le hacía recordar cuando era niña, bien abrigada con bufanda, se le hacia eterna la tarde reyes, con la llegada, el nerviosismo, incertidumbre, desesperación con el paso tan lentas de las horas, y ver si los sueños se cumplían, acaba al principio desilusionada, pero después contenta, por los olvidos de los pajes.

Al día siguiente tuvo quejas de algunas madres, por aquella explicación, e intentaba convencer que no era nada malo, que surgió, que al fin y al cabo, les dijo no todos los niños tienen la suerte que los vuestros, pero los mayores como siempre no atendían al razonamiento, se sentía muy mal, que gente más radical e incompresible, llego a oír algún insulto de los niños hacía ella, con el consiguiente, me lo ha dicho mi padre.

Hay padres que confunden la educación con la enseñanza pensaba, le daba vueltas al asunto, en silencio mirando a través de la ventana, hacia el infinito, no llegaba a comprender aquella gente tan miserable que era en el fondo, fue el primer golpe bajo que recibió en un mundo nuevo que empezaba de la docencia, era su pasión, pero ella como el niño, la realidad ya la conocía, las criticas, la ferocidad, la incomprensión, estaban en el mismo lado de la orilla del rió, que pena pensaba, estoy enseñando a niños y los padres están forjando fieras, como la gente podía ser de esa forma, se preguntaba una y otra vez, pero vio el vuelo de un pájaro, le desperto d e aquel letargo, siguió el vuelo, como luchaba por sobrevivir en aquel parque, metido entre torres de cemento, como iba evitando los obstáculos, entonces se dio cuenta que ella, tenia que ser igual, fiel a sus principios.

Aquel niño carecía de muchas cosas, pero tenia un instinto de supervivencia muy superior a los otros, noto que era mucho más inteligente que los demás, pero le faltaban medios, su mirada perdida muchas mañanas, no era, los otros atendían expectantes, pero les costaba mucho trabajo comprender, él lo entendía todo sin prestar tanta atención, su mente era mucho más despierta que la de los otros,

Era de noche, la mágica noche de luz y esperanza, los grandes almacenes llenos de gente, bolsas de regalos, prisas, la tan escuchada canción por el sonido ambiente, “ ya vienen los reyes” tarjetas, envoltorios, las dependientas acelerándose en cobrar, en empaquetar, en la calle gente comprando castañas, en esos momentos aquella joven cargada de bolsas, dándose prisa por llegar a sus casa, estar con sus familiares y amigos, al pasar por escaparate vio un juguete, siguió caminando, de pronto se paro y se quedo pensando, un escalofrió le entro por todo el cuerpo, dio la vuelta, se quedo mirando el escaparate y entro.

Subió al coche avanzando muy lentamente, la ciudad estaba muy repleta de trafico, y calles céntricas cortadas donde la gente ya esperaba el paso de la cabalgata, semáforos en rojos que pasaban a verde, pero el coche seguía sin moverse, miraba la hora, los nervios le comían, poco a poco salió de aquella locura, se fue en dirección en búsqueda de la circunvalación, cuando se salió de alli, andaba un poco perdida y con algo de miedo, pasaba por unas calles si se podían llamar, eran caminos de barro, y gente calentándose en bidones con fuego.

Estaba sentado en una vieja silla, miraba las estrellas, al fondo encima de la ciudad, se lleno el cielo de coloridos, los fuegos artificiales daban la bienvenida a la cabalgata, él cambio de posición miraba el infinito de la oscuridad, a lo largo divisaba las luces de algún tren, aquellos que muchos esperaban de regalos, pero hoy estarían vacíos de pasajeros. Vio como un coche se acercaba, pero no le dio importancia, pero al minuto, se paro delante de la casa, vio una chica joven que salía del coche, con aspecto asustadizo, de repente le pareció familiar aquella figura, la llamo por su nombre, ella respiro, en esos momentos estaba pasando miedo en aquel sitio tan desconocido.
Saco un paquete de una bolsa y se lo entrego, él parecía como embobado, nunca había tenido un paquete tan precioso con un papel de colores, en silencio lo abrió, entre las luces del coche y la luna, vio que era una pequeña locomotora, no se lo podía creer, lo que tenia en sus manos, delante de sus ojos, se quedaron mudos sin palabras los dos.
En esos momentos de chabola salió un hombre no muy mayor, pero con piel castigada, ropas descoloridas y pelo muy largo, llevaba una caja de madera en sus manos, él los presenta, miraba muy expectante lo que su hijo tenia entre las manos, les dio la cajita de madera a su hijo, el resto de niños salieron de la chabola, con unas pequeñas figuritas todos alborotados y contentos. Abrió la cajita de madera, con curiosidad y vergüenza, allí delante de su profesora, dentro había un silbato de algún jefe de estación, se lo enseño y les comento que aquella era una obra de colección, a lo cual el padre le contesta, que era consciente, pero cuando lo encontré por medio de la chatarra, me dije que era para mi hijo, es la primera vez que le regalo una cosita, es muy triste tantas noches como esta, donde todos disfrutan, y aquí estos solo miran al cielo.

De vuelta a casa era tarde, la radio sonando música como preparando el roscón, llega a su casa, todos la esperaban impacientes, por aquella tardanza, pero pronto supieron por su cara, que algo pasaba, denotaba paz, tranquilidad, nadie pregunto, se repartieron regalos unos con otros, pero en el fondo, su regalo hacía rato que lo había recibido.

Ver la cara de aquel niño, su felicidad de esta noche, fue lo más hermoso que le había sucedido en la noche de Reyes.

Unos solo abrirán juguetes y al final no jugaran, este soñara con ser el maquinista del tren, que le lleve a un mundo de sueños, de libertad y sobre todo de una vida digna, donde todos los días pueda comer.

sábado, 24 de noviembre de 2007

LAS TRES ROSAS

Todos los miercoles cortaba tres rosas del jardín y se dirigía por el camino pedregoso que iba desde la aldea al campo santo de la población más cercana que estaba a tres kilómetros. Mientras iba caminando las imágenes le cubrían su alma, no sabía distinguir si era feliz o era una desgraciada, pensaba por momentos que era lo mejor que podía haber pasado, pero minutos después se preguntaba, porque ese castigo, nunca había hecho daño a nadie, las contradicciones iban cada vez en aumento, semana, tras semana, mes tras mes y año, que dolor, que tristeza, los aniversarios siempre eran motivo de felicidad, este era una losa muy pesada que llevaba, que pensó hacía un año, hace años dejo creer, en todo, hubo temporadas que todo era oscuridad, otras veía algo de luz, algunas era muy feliz, cuantas dudas antes y ahora.

Cuando entraba por la puerta de hierro que estaba de toda la vida en el cementerio, se dirigía a la tumba, alli, estaba un trozo de su corazón o estaba todo, él que llevaba encima era un pedazo de carne interior. Se sentaba y empezó una comunicación entre dos almas, sus miradas, sus pausas, la risa, el llanto, la desesperación de noches sin fin, recordaba el día que nació, lo feliz que fue en el momento que la matrona nada más nacer le puso al niño encima de ella, fue la persona más feliz de la tierra en esos instantes, cuando pudo tocar su ser, después de notarlo dentro de ella, verlo, acariciar suavemente su piel rosa, aun con sangre. Pero horas después noto la cara de los familiares como evasivas, se temió algo, cosa que a la mañana siguiente el médico delante de su marido se lo confirmo, su hijo no era como los demás, entonces se derrumbo, las caras de sus familiares no le habían mentido aunque las palabras le escondieron la verdad. Su luz se apago, estaba como in pasiva, sus familiares le animaban, pero quien a quien todos estaban destrozados, nadie estaba preparado para aquella situación.

Pasaron los meses, se fue haciendo a la idea, poco a poco el cariño iba ganando a aquella depresión que tenia encima, lo más doloroso era la gente, que se compadecía, lo llevaba muy mal, cuando estaba en casa parecía llevarlo mejor, cuando salía a la calle entonces se le caía el mundo encima, su nene nunca podría ser como los que estaban jugando a la pelota.

La vida la fue haciendo fuerte a la vez y muy débil, pero el cariño era inmenso, se juraba todos los días, que ninguna madre le iba a ganar en querer, pero la realidad muchas noches cuando apagaba la luz e intentaba dormir, le desvelaba, sus preguntas en la oscuridad de la, alcoba dando vueltas para todos lados de la cama, toda era oscuro, la angustia le podía, pedía alguien, no sabía si era Dios, o quien coño fuese, que se fuera él, antes que ella, de repente su conciencia le dictaba que era muy mala madre, le entraban escalofríos, sudores, la noche se hacía larguísima.

El niño se hacía mayor, pero su enfermedad le impedía moverse de la cama, solo un rato en un sillón que tenia al lado de la ventana, como tenia todos los órganos afectados, no hablaba, solo reía o lloraba, le enseñaron a comer con paciencia con la mano menos débil, todo era muy costoso, se iba haciendo grande, eran muchos años en la misma habitación, mucha carga, había días que el nene miraba por la ventana ausente, empezaba a distinguir la lluvia, cuando estos mojaban los cristales, daba voces sonoras como de novedad, se ponía muy nervioso.

Con paciencia su madre le enseño hacer rayas en un papel en blanco, cada día sentado en el sillón, él con gestos y sonidos reclamaba el papel y lápiz, empezó a distinguir colores, no sabía los nombres, pero eran diferentes.
Muchas tardes los dos, madre e hijo pasaban juntos, ella cogía su mano y trazaban figuras, pero a veces el se ponía nervioso de la excitación que le producía, tenían que dejarlo.

Pasaron los años y consiguió hacer un dibujo y colorearlo, fue todo un logro, eran los más felices de la capa de la tierra, pero el niño, no saben porque, pillo un virus intestinal, lo tuvieron que ingresar en el hospital, cualquier niño, solo con suero le bastaba, pero él no-tenia casi defensas, pasaron varios meses, cada vez iba peor, de pronto mejoro, pero a la noche se le cerraron los ojos.

El frio recorrió por el cuerpo de aquella mujer que en estos años paso de ser joven a tener un aspecto de muy mayor, la dureza de estos años la marcaron, en vez de treinta y tantos parecía mucho más mayor que las de su edad.

De vuelta por el camino hacía la aldea, sus piernas estaban pesadas, cansadas, de tanta lucha, era una mujer con la mirada ausente, mientras caminaba hacia su casa, nada más llegar subía a la habitación de su hijo, alli estaba el dibujo de las tres rosas, aquel que el logro, dibujar y colorear. El día que se murió le prometió que todos los miércoles le llevaría tres rosas, para hacerle compañía, como aquel miércoles que termino el dibujo de las TRES ROSAS.

Miraba el dibujo colgado en la pared, veía en él, su cara, su llanto, su risa, su desolación, y sobre todo SUS TRES ROSAS.

MeRl

Esta es mi pequeña ventana donde plasmo mis pequeños relatos.

Si algún experto la observa, comprobara mis faltas de ortografía, mi sintaxis es mala con muchos errores.

Soy un amante de la lectura, mis estudios son básicos, los de antigua EGB, muy limitados.

Esto es una forma de evadirme de la vida diaria, es mi pequeño rincón del relax, donde busco mis momentos de paz.

Escribir es dibujar el pensamiento.

Cada persona forma un mundo diferente, todos somos distintos, lo que a mi me puede fascinar, a otros les puede molestar.

Los sueños y las utopías sirven para alimentar el alma.

MeRl