Agua cristalina que evocas el pasado, pureza, libertad y soledad, en tus caños devotos de frescura bebo desde el placer del viajero que busca el abrigo del olmo para calmar el olvido. Utopía en mis sueños, miseria en cada uno de ellos, desolación en cada beso que nunca encontré en los sueños, dejando de buscar los ecos de cada uno de ellos. Aquí sentado bajo el olmo, contemplo los caños del agua, que buscan la libertad del rio, para perderse en el infinito, dejando atrás el pasado. Memorias de una juventud que nunca tuve, a la espera de ahuyentar la amargura de la buena vida y la desdicha, que se mezclaron en la adolescencia. Desperté, y una fuente de piedra ante mis ojos, agua helada se desliza galantemente en busca aparcar la melancolía, que todas las tardes me acompaña. Me despido hasta mañana con paso lento con la ayuda del bastón compañero de fatiga, de este anciano al borde del sendero de la despedida. La demencia es dueña d...