lunes, 6 de mayo de 2013

Melancolía


Sentado ante este viejo escritorio de madera carcomida, con papel y estilográfica, acompañado un Larios con limón, compañero de soledades.
No se, si soy el Conde Drácula o Mary Poppins, confundo la realidad con la mentira, farol en las partidas de Poker, y como siempre ganador un par hostias. Bolsillos sin monedas, chicas de barra se ríen de mí, la rubia de bote, cara con arrugas, tapadas con maquillaje de los chinos, me dice, largo de aquí.
Fumo un cigarrillo del olvido, que siempre da tos, y la gente me dice, no fumes que es malo.
Soy torero de salón, la poli es el toro, mi amigo el banderillero, doy una manoletina y salgo corriendo, salto por el burladero, más vale ser cobarde que valiente en el cementerio.
Sueño con la princesa de los ojos azules, y encuentro un maniquí en el escaparate, que mira con total indiferencia.
El Larios con limón se acabo, lleno otra vez el vaso, mitad ginebra y mitad limonada.
Un día en la vida era aprendiz, hoy soy un apestado de la calle, perro vagabundo pulgoso. Mi tarta de cumpleaños no tiene velas, porque las guardo para el día del entierro. Los papeles del divorcio se pudren en el cubo de la basura. Manta, eres un manta, pedazo de cabron, decía repetidamente mi ex mujer, cuando hablaba de servidor y le contestaba, de afición coleccionista de bragas.
Sigo bebiendo y fumando tabaco de contrabando, hago círculos con el humo que sale de mis negros pulmones. El humo era parte de mi vida, por las estaciones de tren huyendo de los malos.
Trapecista de la mentira, circo del embuste, payaso desnudo. En mi juventud televisión en blanco y negro, UFH el segundo canal, carta de ajuste en la memoria. Arias Navarro con lagrimas en los ojos, Franco ha muerto.
La botella de Larios esta por la mitad, la puta ulcera me amarga la existencia, no hace más que joderme, como las deudas que duermen debajo del colchón. El último banco que atraque, el cajero me dio la bolsa, resulta que no había dinero, eran hipotecas para pagar. El juez me quería mandar a prisión, lo cual le dije, Gracias señor juez podré comer caliente y dormir en un colchón sin frío.Vio tanta felicidad que opto por joderme, me dio la libertad, y me toca buscarme la vida para comer.
Sigo con la botella de ginebra y fumando tabaco malo, la tos desaprecio por arte de magia y la ulcera se rinde ante mi estado de embriaguez.
Sabina suena en la radio, la calle melancolía, es mi canción.
La melancolía mezclada con ginebra y limonada.
Vivo en la calle melancolía. La calle huele a soledad en los portales, que van desde los arrabales hasta el barrio Chino, que hoy solo quedan miserias del olvido.
La estilográfica se confunde con el papel, letras o garabatos, la mesa de madera carcomida esta a punto romperse, es vieja, como este hombre de pelos largos y barbas blancas.
Larios con limón en mis manos temblorosas, las letras se confunden con la miseria, palabras al aire, hombre de nubes, noches de realidades.
Quisiera olvidar, cuando más lo intento, más lo recuerdo.
Sediento de amor, naufrago de monedas, caricatura en la cara.
Las palabras quedan aparcadas en la cuartilla, tiritando del frío de la alcoba, lagrimas en las mejillas invaden mi cara, que es de funeral.


1 comentario:

pluvisca dijo...

Trsite, triste...pero hay tanta gente asi...demasiada diría yo...

Besos