sábado, 8 de junio de 2013

El poeta del viejo bar


En esta mañana del primer domingo de junio, el cielo gris ameniza el lienzo de  la tristeza, suaves gotas de lluvia acompañan las calles casi desérticas de la ciudad, en la cual algunos corredores dominicales y, algún que otro guerrero de una noche de alcohol y humo, surcan por las aceras. La temperatura es agradable, el pintor de las palabras retrata el cuadro desde su atalaya,  un viejo ventanal, con la mirada a la dársena del puerto de pescadores huérfanos de historias.
El poeta de cabellos blancos y manos temblorosas, toma un café acompañado de bebedores diarios, que se acomodan todas las mañanas en la barra del café. Copas y versos recitados en voz alta, aplausos de los compañeros de fatiga. En este domingo, en cual sus caras están más relajadas, es día de descanso, no hay las prisas de la liturgia del trabajo.
Sigue la lluvia fina sobre las calles, la ciudad comienza a despertar, y el poeta sale caminando del bar sin dirección, acompañado de las gotas de agua, que mojan sus castigados cabellos canosos.
La lluvia moja sus cabellos.
La libertad esta en sus hombros.
Recita en voz firme.
Versos del corazón.
Palabras del alma.
Nacen sus sentimientos.
En una mañana de lluvia.
Lluvia y poesía.
Versos y palabras.
Recuerdos del alma.

Sigue lloviendo cada vez más, es el diluvio quien se acomoda en las calles, el poeta llega a su humilde morada, escribe poemas de un amor platónico.
Pasan los años y sigue soñando.

Poeta del viejo bar.

1 comentario:

pluvisca dijo...

Si no fuera por los escritos, por la imaginación...si no fuera por eso, tal vez no resisitiriamos...

Besos