domingo, 19 de febrero de 2017

La calle del desamor

Las calles estrechas de la vieja urbe sedientas de mis estrofas abandonadas en los adoquines por los ejecutivos de poca monta y mucho orgullo que sueñan con las dosis de cocaina que niegan ante sus familias.
Camino por ellas con paso triste, recordando el pasado oscuro, entre las tinieblas de mi cabeza en busca de la princesa del desengaño. Corazones desprovistos en las malditas noches, lluvia en las aceras del olvido debajo de las farolas, unos euros, un poco de amor, despojo de cruces y clavos.
Quizás no vengas, tus promesas se evaporaron en un Sábado Santo, como el riachuelo que llega al mar, visitante habitual en la consulta de psiquiatría, para las tomar pastillas del desengaño.
Las viejas heridas de tirita y betadine son las consecuencias de tus noches en los colchones en las sabanas del insomnio, sueños obsoletos confusos por culpa de tu amor y borracheras. Aquí sentado en el bar del arrepentimiento y las amarguras, leyó un panfleto de los pecados que una noche escribiste, con tinta roja y letra de caligrafía en la hoja de las  mentiras. Pasado comunista, presente de sin encontrar, futuro de navajas,poeta, trovador de los arrabales altos de la ciudad, mentiroso compulsivo, amante de la ruina y de las noches malditas.
 Me despido por cierre por liquidación de mis números rojos en la cuenta veintiun digitos en la sucursal de un Banco de la estafa y el engaño de que lleva el nombre de una ciudad.
Las ojeras son las dueñas de mi cara y barba de pordiosero, la vida sigue, entre las mentiras de los poderosos y la complacencia de los debiles, que todos aplauden por un mendrugo de pan.
Aquí termina el amor y la miseria de este puto corazón, igual de malo que una peli subvencionada española.