Lo que nadie cuenta

 



Tenia el rostro serio, cada viernes iba al mercadillo en busca de alguna prenda ropa, siempre a las mismas paradas ambulantes, miraba, rebuscaba, hasta encontrar algo que comprar. Como era habitual solía ir bien vestida con la combinación perfecta. Había algo en su rostro, en el semblante  se podía interpretar como soledad. Quizás el rebuscar en la ropa era querer estar más guapa, mirarse al espejo ver otra, porque la realidad de la soledad en el matrimonio es una losa que nadie cuenta. 

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