Tarde de domingo, la lluvia invade las calles otoñales, viajo hasta el infinito entre pensamientos y delirios, sin dejar de mirar el crujir del fuego en la chimenea. Al fondo la televisión de plasma difunde imágenes borrosas de un ministro sin cartera con la amante por las calles de una gran urbe. Limpio meticulosamente mis lentes, prosigo con la lectura que se quedo huérfana el verano pasado. Los hombres perdidos en la niebla se preguntan quienes son, unos dicen odio, otros dicen ser llamados venganza, los últimos rencor, viven en una constante contradicción entre rojos y azules, todos son inocentes de sus miserias que se reflejan en quienes no piensan como ellos. Un día deje una palabra olvidada esta era Fracaso, no quise dar media vuelta e ir por ella, decidí comprarme unos pantalones de la marca Sueños en el bazar Chino de la esquina de mi morada. Silbo cada mañana al despertar cuando el espejo me devuelve la realidad de mis años, me visto de arcoíris en el armario ...