lunes, 28 de noviembre de 2016

Tarde de domingo

Tarde de domingo, la lluvia invade las calles otoñales, viajo hasta el infinito entre pensamientos y delirios, sin dejar de mirar el crujir del fuego en la chimenea. Al fondo la televisión de plasma difunde imágenes borrosas de un ministro sin cartera con la amante por las calles de una gran urbe.
Limpio meticulosamente mis lentes, prosigo con la lectura que se quedo huérfana el verano pasado. Los hombres perdidos en la niebla se preguntan quienes son, unos dicen odio, otros dicen ser llamados venganza, los últimos rencor, viven en una constante contradicción entre rojos y azules, todos son inocentes de sus miserias que se reflejan en quienes no piensan como ellos.
Un día deje una palabra olvidada esta era Fracaso, no quise dar media vuelta e ir por ella, decidí comprarme unos pantalones de la marca Sueños en el bazar Chino de la esquina de mi morada. Silbo cada mañana al despertar cuando el espejo me devuelve la realidad de mis años, me visto de arcoíris en el armario desordenado de mi humilde alcoba de paredes blancas.
Todos sueñan en volver a ser niños y nadie lo quiere reconocer, borrachos, poetas, abogados sin escrúpulos, demás escoria que habita por el asfalto de la ciudad, la mascara social es un peaje muy caro que hay que pagar en la vida adulta.
Tomo un paracetamol para el dolor de cabeza que me jode cada día de lluvia, igual soy adicto tal droga reconocida por farmacología en los días grises y paraguas en las calles. Sigue lloviendo en esta tarde dominical la noche esta a punto de llegar, un anuncio de la tele me recuerda que pronto llegara la Navidad, comprare y seré feliz , con cara risueña de efectos secundarios cenare en la noche de los villancicos.
Un relámpago ilumina la  estancia, rabia feroz en el aguacero que cae sobre el asfalto, la luz hace un amago de irse al garete, aguanta estoicamente los relámpagos que parece una noche artificios, he dejado delirar, para volver a la realidad maldita de los adultos, mentiras, envidia y autoestima por las cloacas de la ciudad.
Deambulo por la vida.

PD. Como se que foto poner, con el tiempo todas son hechas por mi, que no mías, una vez salen por aquí o en otras plataforma son parte del universo del libre albedrio. Pues una del libro que descansa entre mis piernas.


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