domingo, 23 de diciembre de 2012

Sueños de hojalata



El reloj de pared estaba abandonado en el desván entre otros trastos viejos e inservibles.
Un día el abuelo buscaba unos cuentos que hacía un montón de años que habitaban aquella estancia, observo que entre la pared y el suelo estaba el reloj, había un poco de humedad. El reloj estaba parado y lleno de polvo, lo sostuvo entre sus manos, lo miro, creyó que quizás era algo de aceite del mecanismo, una fugaz idea paso por su cabeza, llevar el reloj al taller de un amigo, que se dedicaba al mundo de las joyas y relojes.
Cuando fue a recoger el reloj, pregunto a su amigo.
- Estaba muy estropeado y oxidado.
No- Contesto el  amigo relojero.
Simplemente estaba triste y cada media noche aunque sus manecillas no funcionaban, él seguía el compás de ellas y al no poder dar las doce campanadas anunciando el nuevo día, de su humilde corazón manaban doce lagrimas.
Desde aquel día  31 de Diciembre muy especial, el reloj de pared preside el salón en cual hace muchos años fue testigo de la vida de aquella casa con sus campanadas.
El reloj acompaña con el tic tac los cuentos del abuelo que en voz alta y clara narra a los  nietos.

Erase una vez un reloj que vivía en lo alto de un torreón, en cual la princesa cada noche esperaba impacientemente las doce campanadas para poder ver al humilde campesino que estaba enamorada.
La princesa derramaba doce lagrimas de cristal que se diluían en la medianoche en pétalos de amor. El campesino recitaba poemas de amor desde la distancia. El Rey mando ejecutar al campesino enamorado, y la princesa quedo triste y muda para la eternidad. El reloj quedo parado a mitad de la noche cuando la princesa dejo de existir. Cada medianoche el viento huracanado azotaba el Reino malvado como venganza ante tal crueldad en el amor.
Sueños de una princesa de hojalata.



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