lunes, 21 de enero de 2013

Un huerfano



Me gusta escribir cuentos, compre una libreta de tapas rojas y un pilot de tinta negra. Aquella tarde paseaba con la libreta debajo del brazo y el pilot en el bolsillo trasero de mis vaqueros, llegue hasta el final del acantilado del puerto pesquero de la ciudad que sus moradores viven gracias al arte de faenar en alta mar. Me aposente en el rompeolas y comencé el arte de escribir palabras sueltas, palabras huérfanas, palabras sin nombre, fue naciendo un bello cuento desde las entrañas. De repente unas palabras se tiraron a la mar comenzaron a nadar hasta perder de vista. Seguía componiendo el cuento y sustituyendo las palabras fugitivas, las palabras hermanas comenzaron a llorar, mojando la hoja del cuento. La soledad y la perdida les hacia estar triste. Por la bocana del puerto, salía hacia la mar un pesquero, y divise las palabras fugitivas a bordo, quise gritarles, no lo hice, seguí con el cuento. A los quince minutos, el cielo se oscureció, la lluvia en forma de tempestad hizo acto de presencia, caí rendido en un sueño profundo, estuvo lloviendo buena parte de la tarde, cuando se calmo la tormenta, desperté, estaba como anonadado, sin saber quien era, donde me encontraba. Me acorde de la libreta, del cuento,  del pilot, no estaban, miraba a todos los lados, no veía nada, estaba muy angustiado en aquella situación, de repente un velero quedo encallado cerca del faro, pude ver a mi libreta a bordo, el pilot nadaba hacia el faro. Me lance al mar, intentaba nadar, la fuerza del mar no me dejaba avanzar, las olas me arrastraban hasta las rocas. Me estaba ahogando, como pude alcance las rocas, con un gran esfuerzo, tragando mucho agua salada, cuando estuve a salvo, pude presenciar, era la risa, mi libreta, si la libreta de las tapas rojas, reía en tono burlesco hacia mi persona, el pilot me imitaba como nadaba, las letras olvidadas no paraban de mofarse.
Mi cuerpo se lleno de rabia y les mande una peineta, seguían riendo, les hice un corte de mangas, ellos más se reían de este pobre desgraciado, que no sabia casi nadar.
La libreta y el pilot quedaron huérfanos para siempre.
Palabra de un huérfano de los cuentos.

1 comentario:

pluvisca dijo...

¿Sabes una cosa? ellas se lo pierden, las palabras y la libreta. Seguro que con el tiempo se arrepienten ...

Me gusto mucho el relato de hoy merl

Besos