sábado, 14 de julio de 2012

Noche de palabras.



Pasan los años, el reloj avanza en el monoplaza del formula uno, los rostros siguen siendo los mismos, pelo casi blanco, otros calvicie añeja, kilos acomodados y reposados en alguno de estos hombres en otros la figura decorativa acompaña sus cuerpos en zapatillas maratonianos.
La noche se despide de la primavera la temperatura es benigna, la cena sigue el curso habitual entre hombres hambrientos de sexo y complejos en los aperitivos.
En el corral de la comedia sigue siendo el mismo actor, que se esconde de sus entrañas cantando sus frustraciones al viento de la noche entre risas de la timidez que esconde toda la vida, el mismo guión de joven y de persona madura, o mejor dicho inmaduro de por vida entre complejos aireados al cielo de estrellas perdidas como él mismo.
Hombres locuaces que años posteriores eran deseo en estos años navegan en una balsa de maderas por el mar oceánico en busca de la costa salvando sus pellejos de pasadas historias entrañables que viven en la biblioteca repleta de polvo que ellos mismos desempolvan con el plumero mágico de las recetas de la vida que como apóstoles de Dios todopoderoso  cuentas las buenaventuras de su Biblia, la buena noticia, discutida y discutible.
Aquellos que soñaron con la reina del postín, modosos y correctos pasan los años, siguen siendo ellos mismos, en sus queridas apariencias, hablan entre ellos en un lado, viven sus días de las apariencias reposados entre el sectarismo que son los maniquíes de los escaparates. Hambrientos de riqueza, desolación en sus ropajes entre marcas de televisión. Siguen apesadumbrados en el mundo de los vivos que rezan cada noche por que las apariencias se cumplan de una puñetera vez.
Nacen las arrugas, cae el pelo, que jodida que es la vida, el canto del gallo canta antes del amanecer como toda la vida,  muera el gallo o viva seguirá amaneciendo, por mucho que quieran cambiar el mundo de mentiras escondidas que es la vida de la hipocresía que nadie quiere admitir que cuando se mira al espejo la puede ver.
Días de gloria, noches de desolación.
Se cierra el telón en la noche de figuras teatrales que nacen de los delirios de las copas de alcohol pueblan sus venas.

El cielo azulado comienza el nuevo día, los actores descansan en sus moradas durmiendo placidamente junto a sus Santas.
Cuando despierten un martillo golpeara su cabeza y sensación de mal cuerpo.



1 comentario:

pluvisca dijo...

La noche nos cubre y las mañanas nos devuelven los monstruos...

besos