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El navegante del amor.

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Mujer de mis sueños. Dama del amor. Flor que ríe. Tus besos calman mi sed. Mujer de mis sueños. Sueño contigo. Vivo contigo. Bailo contigo. Tú y yo. Bailamos cada noche. El navegante del amor.

El pirata

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La goleta estaba escondida entre dos islotes del mar caribeño, a la espera de los barcos con el oro de las indias, los días pasaban en la isla el calor cada día era más angustioso en aquellas lejanas tierras. El centinela vigilaba desde tierra el paso a lo lejos de posibles presas marítimas, el aburrimiento era palpable en aquellos peñascos perdidos. Una noche encontró un pequeño cofre en la cueva que estaba situada en la playa y cuando la marea subía el agua la invadía,  recorriendo los secretos ocultos en aquella misteriosa cueva,  lo abrió con mucho cuidado  a la espera de encontrar monedas de oro que alguien hubiera escondido en aquel lugar tan misterioso. La desilusión fue mayúscula  dentro no habían las preciadas monedas de oro que tanto soñaba cada noche el tener en sus manos una fortuna  del preciado metal. En el habían unos escritos, en esos momentos dudo en arrojar aquellos papeles al mar, una imagen fugaz le hizo desistir volvió a cerrar el cofre ...

El mar a nuestros pies

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Sentados en el paseo marítimo, viendo el mar, me acompañabas, te acaricie la mano y sonreíste. Una paloma juguetea tranquilamente por la arena buscando los corazones de dos enamorados.  El mediterráneo estaba en calma en una mañana de sábado, cerramos los ojos, sentimos la brisa que acariciaba  nuestros rostros. Te di un beso. Abriste los ojos y me dijiste. - Te quiero. La paloma nos miro y alzo el vuelo hacia felicidad. En la arena dibuje un corazón. El mar a nuestros pies.

Cuerpos desnudos

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Beso tu boca, juego con tu lengua, mi mano recorre tu espalda. Cierro los ojos, sueño que soy tuya, juegas con mi cuerpo. La noche de silencio se vuelve noche de locura. Tu cuerpo desnudo, mis manos acarician tus pechos, juego con tus pezones. Mi lengua se sumerge en el oasis. El mar comienza a enloquecer, las olas van sin dirección, la tempestad ilumina el cielo. Entro en tu sexo. Navego poco a poco. Mi velero se adentra en el mar. La tormenta ha estallado. Gimes de placer. No eres tú. No, querida. Es locura. No tienes control de tu cuerpo. La tormenta golpea  con rabia. Las olas estallan…… Me abrazas, te beso, me miras a los ojos, la calma se instala en nuestros cuerpos desnudos el silencio esta repleto de palabras hermosas. Te quiero.

Ifach

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Ifach altivo y majestuoso. Ifach a nuestros pies. Amor en el peñón. Besos y caricias. Fotos y sonrisas. Amor en Ifach. El peñón de nuestro amor. Paseamos de la mano. Tus ojos son mi luz. Tu boca mis besos. La nubes grises amenizaban la tarde. Las olas jugaban en el acantilado. Tu Ifach. Eres testigo. Nuestro amor en el peñón. Ifach mi velero. Ifach altivo y majestuoso. Ifach a nuestros pies. Besos a bordo del velero.

Rosas mojadas

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El silencio es su espejo, dolor en el corazón, la tristeza de vestido. No tenia rencor, tampoco odio, eran cosas de la vida, no sabe como fue, si tuvo la culpa o no, solo sabía que caminaba bajo la lluvia. - Querida, no me queda más remedio que confesarte una cosa. Quiero que sepas la verdad. Hay otra en mi vida. Lo siento. No quería hacerte daño. Desapareció entre los paraguas de los transeúntes, la rosa se quedo llorando, ramo de flores en la mano como una estatua en medio de la calle. Hoy sigue lloviendo desde hace una semana, como siempre en Coruña, los días grises son latentes en el otoño. Cabellos mojados, botas entre los charcos, chubasquero en el cuerpo, camina por la Calle Real los paraguas de colores son anónimos van sin dirección alguna, la soledad es su compañera. Días de tristeza. Días de lluvia. Coruña siempre fiel a la lluvia. Rosa sigue vendiendo flores a la entrada del mercado de San Agustín. Rosas mojadas.

Hola

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Nunca había visto unos ojos tan bonitos, aquella mañana quede hipnotizado. No sabía si era una princesita de cuentos infantiles o la sirenita. -Hola- Dijo. Me quede mudo. Reaccione pasados unos segundos. - Hola-. Bajo en la siguiente parada del Bus. Se despidió. - Hasta luego-. Hasta Luego. Conteste con una voz nerviosa. Todas las mañanas voy en el mismo autobús de línea a la misma hora, no la he vuelto a ver. Sueño con sus ojos. Unos ojos hermosos. Azules. Guardo aquella mañana en mi retina. La chica de los ojos azules, suéter rojo y vaqueros ajustados. Se despidió. - Hasta luego-. Hasta luego. Conteste.