viernes, 14 de septiembre de 2012

El diluvio del amor


Aquella mañana el cielo nos abrazo, el diluvio invadió las calles desérticas, los pocos transeúntes corrían para resguardarse, mientras nosotros bailábamos en mitad de la calle.
Nos hicimos promesas, conjuramos nuestro amor, cantamos bajo el diluvio, el cielo se iluminaba y después los truenos ensordecían, seguíamos bailando en medio de la calle y algún coche que pasaba nos miraban con extrañeza.
Te encontré llorando en un  portal de madrugada, te pregunte, que te pasa.
Me miraste y pensaste tal vez, quien  es este loco que camina solo por la ciudad.
Niña porque lloras, te pregunte otra vez.
Te vas quedar helada, hace mucho frío, dentro de nada puede empezar a llover.
Sentada en el viejo portal con la cabeza agachada entre sus brazos.
Levantaste la cabeza y te di la mano, te levantaste y tus ojos repletos de lagrimas caminamos lentamente por la acera, las luces de las farolas se mezclaban con el tímido amanecer.
El silencio acompañaba  nuestros pasos, en tu rostro estaba la tristeza, en el cuerpo habitaba la pena y en las manos la desolación.
No mujer, no todos los hombres somos iguales.
No, hay hombres inmaduros, niñatos y aventureros, en cambio otros son fieles al amor pero con muchos defectos, y los principitos mujer, solo existen en los cuentos de la infancia.
El amor tiene fácil entrada y una difícil salida, mejor dicho de esta forma, una jodida salida.
El amor es felicidad y el desamor es soledad.
El manual de instrucciones en el amor no existe, bueno si existe, tiene esta palabra, libertad.
El amor al principio son risas y con el tiempo tedio, para acabar con infidelidad y cartas de abogados con acuse de recibo.
Si te dejo por otra, mujer, no llores más, es porque no te quería, vivir engañada es vivir sin libertad.
Si amas de verdad, tu corazón será felicidad, y aquel que no te ame de verdad que salga de tu vida.

La lluvia mojaba nuestros cabellos, cada vez más insistente, relámpagos  habitaban en el cielo dominical, los cristales tambaleaban, las persianas se movían, el agua hizo desaparecer la acera, que buscaba una salida hacia el mar.
Bailas mi niña.
Me abrazo y bailamos mientras el diluvio bautizaba el nuevo amor.
No si era San Juan Bautista quien tiraba cantaros de agua sobre nuestros cuerpos pegados, solo que encontramos la felicidad en un amanecer de tormenta.
Las promesas son realidad.
El amor fue el comienzo de un final.
Bailamos descalzos sobre la lluvia como aquella madrugada.
Huérfanos del amor que fuimos ahora somos corazones enamorados.

Luz de mis días.
Refugio en la noche.
Sueños de amor.

Sonrisa dulce.
Manos de seda.
Cuerpo de terciopelo.
Señora de mi vida.

Amo la lluvia.
Te amo.
Baile del diluvio.


1 comentario:

pluvisca dijo...

Has sabido conjugar amor y desamaor con fluidez

Pero el desamaor abunda y es difícil de sacarse el dolor...

Besos