lunes, 11 de enero de 2016

Micrrorelatos en el ocaso de la tarde


Microrrelatos que reposan en mi libreta y en esta tarde de invierno, alguno de ellos ven la luz lejos de sus hojas escondidas.




Son las doce.
Se acaba el año, ultima hoja del desgastado almanaque. Doce son los meses, doce son las campanadas, doce son las uvas. Son las doce...Un año más a nuestras espaldas.
Son las doce......Es hora de dormir.




Espera.
Aquí sentada en la orilla del mar. Partiste a estribor, pasan los meses y no vuelves. Sigo esperando, canto un fado para aliviar el luto del corazón. Malas lenguas.
Espero con la vista en alta mar.



Tango.
Una luz encontré, un tango baile, dos ojos y dos estrellas halle, en el tapiz del salón. Volé con mi mente, dance con mis pies. Se acabo el tango, desperté del sueño.
Ni hubo luz, ni tampoco tango.




Leyendas confusas.
Los versos se confunden con la lluvia, en esta noche oscura perdida entre las niebla. Las sombras se confunden con el silencio, son las leyendas confusas de la noche, que se magnifican por los adoquines de las calles del casco viejo.



Tren partió.
El tren del olvido partió sin destino, en el  fueron tus promesas al fuego. Demasiadas heridas para este viejo corazón solitario en el anden.




Cartas de amor.
Una vez leí una carta de amor. Palabras dulces y empalagosas, era tan cursi, que reía mientras leía. Esta fue la única carta de amor que he leído en mi triste vida.
Huérfano de cartas de amor.
Huérfano de palabras cursis.
Huérfano de amor.
Solitario de sentimientos.
Orfanato de amor.

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