domingo, 15 de enero de 2017

Amaneciendo

Cada noche las sabanas del dormitorio están frías, los besos robados en alguna alcoba de colores difusos, y aquí se quedaron los versos huérfanos encima de la cama, entre los recuerdos de los orgasmos que deambulan cada noche en la oscuridad de este habitáculo.
Como no recordarte desnuda, morena de azabache cuerpo de marfil, piernas de pasarela, solo me quedan las fotos de un viejo fotomatón y las risas cerveza en mano en los bailes en las noches de luna llena  al cruzar los semáforos.
La puta vida del amor tiene buena entrada y jodida salida, las princesas dejaron de existir se las llevo todas el musculitos de gimnasio y Visa en su cartera de piel, aquí ando yo, sin Mercedes, ni chalet en la playa, ni apartamento en la quinta avenida en la ciudad de los rascacielos.
 Mis vinilos rayados lloran de soledad, nadie con quien poder bailar el bolero que resuena en mis entrañas en las noches de cocaína que se apoderan de los recuerdos.
Se fue, se llevo las bragas y sujetador, me dejo los condones para el recuerdo, me dio un beso en la frente, sus palabras fueron, mis pechos son perfectos, caderas de ensueño, y que te voy a decir de mi pubis  quien lo prueba enloquece y tus monedas son escasas, hambre y mentiras en la triste vida de poeta sin memoria.
 Sentado en este viejo colchón de muelles oxidados con el portátil en busca y captura por el meticc de una dama de la soledad.
Me llamo Cupido, mido 1.90, cabello rubio, complexión ateltica, ejecutivo de altos ingresos, busco mujer joven, elegante, sincera, fiel, compresiva, y muy pasional.

Esta amaneciendo en la alcoba de la soledad y el meticc esta repletos de saldos, prendas muy gastadas de usar y tirar, el poeta desdichado no tiene tinta para escribir palabras de amor.

Amaneciendo un día más.
Sin amor de saldo.
Ni besos encontrados.

Busco a la Magdalena
De las noches perdidas.
Baratas y sinceras.

Me inscribo en meticc.
No encuentro los corazones.
Huérfano de coños.

Amaneciendo un día más.
Desnudo en la cama fría.
Sin alma ni corazones.


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