La del ático mujer progresista y a la vez clasista, prima de las primas beatitas de mala leche y cantantes de la coral e institutrices, y muy peperas con estilo parecido a la botella. Madre del bohemio y empanado amante de la marihuana, que iba para deportista y se quedo hippy con el calimocho. A las siete de la mañana se viste yoga y acude puntualmente a ella, corriendo después al bufete de abogados, una mujer de cincuenta y algo diferente y distante y por las noches al llegar a casa pega la turra estudiando clases de violin, que no se si estará para afinar las cuerdas, bueno yo de eso ni puta idea, esto es muy culto para un inculto como soy. Señora progresista, no como las primas peperas, ella vota a Compromís porque su buzón la delata, mujer de apellido común en estas tierras a las faldas de la sierra de la Pebrella. Asi es la vida de una progresista clasista de vota a Compromis, como todos los esta banda. Predican unas cosas, pero ellos les gusta la vida de Cayetano que ...
Su abuelo entro en la habitación lo desperto, con cara sonriente que radiaba felicidad, pasado los nervios de la noche larga. Donde el amanecer trajo la tranquilidad de que todo había ido bien. Se vistio, lavo, desayuno un tazón de leche con dos yemas de huevos como todas las mañanas que tanto le encantaba degustar. Era una mañana lluviosa de octubre, se puso el chubasquero y las botas de agua, antes de partir entro a la habitación de su mama, alli estaba en la cama con su recién nacido, apenas una hora. Beso a su mama, miro el bebe que estaba al lado, donde solo divisaba la cabecita. De camino al colegio nombre del dictador, la cartera en una mano y en la otra iba cogido de su hermana que llevaba el paraguas negro. La cara de ambos era de alegría, la lluvia no cesaba, pero les daba igual. Mientras con sus botas disfrutaba pisando los charcos de agua, las nueve de la mañana hoy no se guardaba la fila en el patio se entraba directamente a la aula. El maestro comenzó la clase, mientra...
Sentada en el balancín, el cenicero lleno de colillas adornaba la mesa camilla. Una tarde más de domingo, con la vista perdida en aquel cuarto de paredes blancas desnudas, interrumpida por el sonido del viejo televisor. Su rostro cansado envejecido de la vida, nunca conoció el amor, solo el sexo, fue deseada, poseída, hasta que fue apartada por aquellos hombres que regaron sus oídos de falsas promesas. Sueños sin cumplir, mundo de cristal, pasarelas, fiestas, gentes sin almas, vacías, dinero corrupto. Allí estaba sola, años y años engañada por curanderos, hechiceros, agua bendita, toda clase de pócimas, los quistes en sus ovarios eran múltiples, fueron culpables de dos abortos. La botella casi vacía de vino barato, compañera fiel, mientras detrás de los cristales la lluvia estaba presente en ese día gris, su vida era como el otoño, triste y apagada, caminaban juntos de la mano sin mirarse el uno al otro. Hoy era su aniversario 51 años. Hoy nadie se acordaba de ella. Soledad, maldita ...
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