viernes, 10 de junio de 2011

Un libro de tapas rojas


Un joven senderista apoyado con sus bastones recorría los caminos de la agrestes de las montañas y diviso a los lejos un pequeño valle donde se podía ver una pequeña casa de retiro, la curiosidad le hizo tomar la decisión por acercarse aquella arboleda que rodeaba la casa, nada más llegar vio como de ella le recibía un anciano de pelos largos y blanca larga espalda encorvada y caminaba apoyado con un bastón. Este hombre centenario vivía en aquella pequeña cabaña desde hacía muchas décadas.
El joven sorprendido de que aquel viejo habitara en aquel valle solitario amablemente no pudo dejar de preguntar ante tal situación, el hombre lo invito a pasar a su humilde posada en donde la chimenea estaba encendía durante todo el día, puso dos vasos encima de la mesa y una botella de aguardiente, la conversación entre los chasquidos del fuego se convirtió placentera, tal fue que pasaron cinco horas en una rapidez como si las manecillas del viejo reloj e único que colgaba de la pared hubiese acelerado el paso marcial de los segundos, el joven se despidió antes de que la noche se hiciera dueña de aquel valle por miedo a perderse por aquellos lares alejados del pueblo pequeño donde había dejado su coche.
El viejo le regalo un libro de matemáticas con todas las formulas y bastante problemas con sus soluciones, el joven quedo fascinado ante tal regalo, nunca había visto tantas formulas con una preciosa letra en sus trazos de una extraordinaria belleza, aquello fue un aporte más a la sabiduría de este joven estudiante que siempre estaba en un nivel notable, desde que aquella joya poso en sus manos paso a ser un excelente matemático.

A los once meses se presento en aquel lugar otro joven senderista, mejor dicho como decía el anciano, caminante esto de senderismo le resultaba muy extraño.
El joven se presento ante el anciano como amigo de quien tiempo atrás le había regalo el libro de matemáticas, el anciano le hizo pasar a su humilde morada, con el mismo ritual que hace once meses preparo dos vasos, y una botella de aguardiente. El joven recién llegado miraba con extrañeza las condiciones tan humildes que vivía esta persona, donde le lujo no existía, solo lo imprescindible, le llamo la atención en tampoco espacio, estaba repleto de libros amontonados por todos los rincones.
Con voz temblorosa el anciano le pregunto cual era su visita aquel valle, porque seguía la estela de su amigo el estudiante de matemáticas.
Mire señor, mi amigo siempre ha sido muy buen estudiante, desde que usted tuvo la diferencia de hacerle el regalo de la joya que es libro que posee todas las formulas matemáticas, se ha convertido en el mejor de todos los estudiantes en esta ciencia.
El anciano le pregunto- eso te preocupa-.
Bueno, no eso no, simplemente que siempre me esfuerzo, estudio muchas horas, siempre apruebo muy justo por más que le dedique horas y horas encerrado en mi habitación estudiando matemáticas.
Y te encuentras frustrado.
Exactamente es la palabra.
Te voy a regalar un libro.
Gracias señor.
No hay de que, depende de tu esfuerzo.
El anciano se levanto apoyado con su bastón camino lentamente hasta una estantería, tomo un libro de tapas rojas hermosas, adornadas con letras de oro que relucían ante sus ojos.
Toma este libro te ayudara.
El joven abrió el libro, su cara cambio de expresión- Señor las hojas están en blanco.
El anciano con voz temblorosa contesto- Si, están blancas, e inmaculadas-.
Aquí no hay ninguna formula de matemáticas.
Estas hojas están para que cada día anotes tus problemas cotidianos, cuando te vallas a la cama con tu mente en blanco, intentes dar solución al problema que se te presento este día.
Si todo esto esta muy dijo el joven.
Yo quiero las formulas, señor.
Espera amigo impaciente, este libro es para que anotes todos los problemas que te surjan todos los días, discusiones con tus padres, amigos, conflictos que suceden en el día a día.
Cuando llegue la noche intentas solucionar de la mejor manera posible. Tienes que aplicar esta formula.
Recuerda esta formula.
Respeto, lógica, coherencia y sentido común. Cuando dentro de tres años tengas las paginas repletas de problemas y soluciones, las formulas estarán en claves secretas, descúbrelas aplicando el sentido común.
Entonces subes al valle dejas el libro donde te lo he dado, para que otra persona pueda aprovechar tu lección de la vida.
Como es lógico este anciano de 102 años muy posiblemente no estará en este valle precioso, dentro de poco tiempo partirá de viaje al fin del mundo.
Te recuerdo. Sentido común.
El joven se despidió el anciano sabio dispuesto aplicar aquella lección del maestro para que otros tomaran sus enseñanzas.
Respeto, lógica, coherencia y sentido común.
De repente mientras bajaba del valle hasta el pequeño pueblo una fuerte tormenta le sacudió entre aquel aguacero comenzó a comprender el sentido común de la vida.

1 comentario:

pluvisca dijo...

Vaya, un relato con mucho meollo y lleno de sabiduria.

Un buen fin de semana mErL

Un abrazo