domingo, 25 de marzo de 2012

La silla de mi peluquero


Me acomode en la silla eléctrica del peluquero. Comenzó el ritual peine y tijeras para cortarme el pelo. Miraba al espejo me veía vestido con trozo de tela de color espantosa que me cubría. Mi cara ovalada pasaba a redonda en aquel maldito espejo que se reía de mi estampa.
El peluquero calvo y con cara sonriente me hablaba con cierta ironía y servidor pensaba en silencio, vende crece pelo y esta calvo, lo que uno tiene oír.
Allí seguía sentando en la silla del horror y el maldito espejo se reía delante de mi cara ofreciendo imágenes espantosas, aquel hombre de las tijeras y peine sin pelo no cesaba de hablar. Uno que estaba condenado a muerte, maldecía de él y su amigo el espejito que estaba compinchado, aguantando las burlas de mi cara redonda.
Me levante del sillón abandone aquella pesadilla maldiciendo al hombre calvo que me despedía con una amable sonrisa y con unos euros más en su bolsillo. Parecía que le debía haberme salvado la vida de la pena de muerte en aquel antro de colores.
Caminaba por las calles de la ciudad arrastrando mi autoestima por los suelos, al pasar por los escaparates me miraba de reojo en el reflejo de los cristales, los escalofríos recorrían mi querido cuerpo al ver la estampa que ofrecían.
Llegue al portal de la comunidad de viviendas que me acoge y me encontré a mi vecina del tercero, pensé lo que me faltaba encontrarme a esta con lo horroroso que tengo el peinado.
Que guapo estas con ese peinado, se nota que vienes de la peluquería.
Me puse rojo como los tomates de la plaza de abastos, mi corazón comenzó a latir muy rápidamente.
Balbuceando dije es que tengo un peluquero muy bueno, hace milagros, estoy por creer en él y no en Dios.
Se despidió mi vecina con una sonrisa, me volvió a repetir te para muy bien ese corte.
Todos los jueves por la tarde acudo puntualmente a la cita con mi estilista que es como le gusta definirse a él, para mi el peluquero calvo. Me aposento en la silla eléctrica, él tijera y peine en mano intenta hacer milagros.
Al salir del salón belleza que como a él le gusta llamar, repito para mi peluquería, sueño con encontrarme al bombón de mi vecina del tercero. Esta muchacha con la que sueño muchas noches entre sabanas blancas de algodón.
- Que guapo estas- Me dice.
Las mariposas revoltean por mi estomago sin encontrar acomodo.
Mi peluquero que es poco brujo sonríe cada vez que me siento en la silla eléctrica porque sabe que estoy enamorado de la vecina del tercero.
Todos los jueves rezó con mi peluquero en busca del milagro.
El sillón de los milagros.





1 comentario:

pluvisca dijo...

No hay nada como tener ilusión, aunque se crea que si se cumple será un milagro...

Besos